Nuestra economía nunca se había enfrentado a una epidemia global tan rápida

coronavirus y economia mundial

Para reducir el ritmo de contagios es necesario frenar la actividad empresarial, con lo que se dejan de producir y de demandar muchos bienes y servicios al quedarse la gente en casa.

La economía se va a ralentizar, pero aún es pronto para saber si entraremos en recesión. La OCDE estima que el crecimiento mundial podría llegar a reducirse a la mitad, y aunque con el avance de la epidemia el impacto podría ser mayor, también hay que tener en cuenta que parte del consumo simplemente se pospone. La economía mundial es más grande y resiliente de lo que pensamos: en los últimos cuarenta años se ha multiplicado por ocho y sólo ha habido cinco años negativos.

Es natural que las bolsas caigan, ya que ahora mismo los inversores no son capaces de valorar las empresas. Cada noticia, positiva o negativa, va acompañada de grandes subidas o bajadas de los precios de las acciones que además aumentan debido a las órdenes automáticas de venta. Desde principios de año, la bolsa mundial ha caído más de un 25%.

¿Qué se está haciendo para contrarrestar el impacto de la epidemia?

Los esfuerzos para frenar los efectos negativos están siendo mucho mayores que en ningún otro momento de la historia reciente.

Los bancos centrales están siendo rápidos y contundentes para conseguir que las empresas y bancos no sufran como ya pasó en 2008. Esta vez, han reaccionado recortando sus tipos de interés, favoreciendo que el dinero llegue a la economía (con programas de compra de activos) o reduciendo los requisitos de capital para los bancos. De esta forma, el dinero llegará más fácilmente a aquellas empresas y familias que lo estén pasando mal por la situación actual.

Y por su parte, los gobiernos se están sumando con importantes medidas de apoyo fiscal con instrumentos para suavizar el efecto de la crisis actual en empresas y trabajadores. Por ejemplo, el gobierno español valora dar facilidades a empresas y autónomos en el pago de las cotizaciones a la Seguridad Social, o suavizar los requisitos para el cobro del paro. Otros gobiernos introducen medidas como ayudar a las empresas que cierren temporalmente a pagar a sus trabajadores o anuncian enormes incrementos de la inversión pública para generar empleo los próximos años.

Estas medidas van a tener un coste muy alto para los países, y van a hacer que se incumplan los límites de gasto, pero hay consenso generalizado de que es mejor usar todos los recursos disponibles para reducir, en la medida de lo posible, el daño a la economía.

¿Qué implica esto para las inversiones?

No importa lo dura que sea una crisis, la base de una estrategia de inversión sólida no cambia: diversificación, largo plazo, coste bajo y disciplina.

Es un buen momento para recordar que, a lo largo de la historia, la inversión en bolsa ha sido más rentable que las alternativas habituales (bonos o depósitos) siempre que se han seguido los principios fundamentales de invertir con una visión a largo plazo, con un alto nivel de diversificación, en productos con costes ajustados y con la disciplina necesaria para no comprar y vender llevados por las emociones (miedo o avaricia). Este es también el caso en momentos de fuertes correcciones (suele haber una cada 10 años), los principios no cambian.

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